"¡Qué práctico!", pensó ella de su nuevo coche automático, con "bluetooth manos libres" y aire acondicionado programado. Práctico es algo útil, como todas esas cosas que anuncian en la "teletienda" de madrugada. Bueno, en teoría, luego en la práctica... Pero si hablamos de algo práctico, como adjetivo, hacemos referencia a su utilidad. Uno no entiende, pues, la manía de periodistas y autoridades en referirse a la mayoría de algo como "la práctica totalidad". Que si la "práctica" totalidad del congreso (ni que los diputados fuesen prácticos), que si la "práctica" totalidad de la ciudadanía (parece que nos usan para su provecho, lo cual no sería mentir del todo...), que si la "práctica" totalidad de lo que sea... Práctica, práctica, práctica. Todo es práctico. ¿Una totalidad práctica? Eso pensó también la Consejera de Educación del gobierno vasco, Isabel Celaá, en declaraciones a El país: "...mientras que 'en la práctica totalidad' de los colegios públicos ya se han instalado las pizarras digitales". ¡Menudo optimismo en la enseñanza pública! ¿No querrá decir, en realidad (como todos los que dicen "práctica totalidad") "en prácticamente la totalidad"? Eso sí tiene sentido. Porque "prácticamente" significa "casi" (que es lo que en realidad quieren decir), pero "práctico" es útil, diestro, experimentado o versado. No confundamos los términos, porque aunque prácticamente parezcan lo mismo, en la práctica hay mucha diferencia. Esperamos haberles sido prácticos.

Mal: "La práctica totalidad..."
Bien: "Prácticamente la totalidad..."